jueves, 20 de septiembre de 2012

Yamaguchi sensei: “El Aikido es trabajo duro”

Hola a todos!

A medida que pasa el tiempo entiendo que nada es azar en esta vida. No se cuantas veces he pasado por la misma web y no haber leído, por lo menos con detenimiento, este artículo que comparto con todos ustedes y que desde hoy engalana KOKYU-DOSA. 


Tengo mis críticas en cuanto a la forma de este artículo. Me parece muy largos los párrafos y de alguna manera le resta agilidad al texto, pero en el fondo comparto cada palabra.

No es que tenga problemas, pero llevo 3 días leyendo, releytendo y volviendo a leer este escrito y es que cualquier cosa relacionada con una meta en la vida como lo es el Aikido, que empiece y termine con tamaña aseveración debe terminar en buen puerto: "Aikido es trabajo duro"

Que disfruten...


Extraído de:  http://aikidovalencia.es/archivo/yamaguchi-sensei-el-aikido-es-trabajo-duro/
Nota. las fotografías fueron colocadas por el editor del blog. 



A veces un encuentro puede cambiar completamente nuestra vida., deja una impresión tal que luego no puede ser borrada en el tiempo. Para mi, tal extraordinario evento fue encontrar a Sensei Seigo Yamaguchi (1924-1996). Asistí solo a dos seminarios dirigidos por èl, de los cuales entendí muy poco. Sin embargo, la facilidad con la que ejecutaba las técnicas y la inusual belleza de los movimientos agitó en mi interior un deseo irresistible de seguir ese mismo camino, aún si no pudiera lograr llegar muy lejos. Hasta hoy, todavía no conozco cual era el propósito que esto conllevaba, pero había en mi un tipo de anhelo por este fenómeno inusual, que era el Aikido de Sensei Yamaguchi. Soy afortunado de ser estudiante de Sensei Christian Tissier- uno de los mejores estudiantes de Sensei Yamaguchi. También conocí algunos otros de sus sobresalientes estudiantes: Seishiro Endo (1942 – ) y Masatoshi Yasuno (1948 – ).He escrito acerca de ellos en el articulo “haciendo dedo hacia Sensei” Budojo nº1


El aikido de Sensei Yamaguchi está siempre presente en la instrucción de sus estudiantes, aunque estas difieran mucho entre si. El podía sacar a la luz lo mejor de cada uno de sus estudiantes, sin embargo no deseaba que ellos lo imitaran. Cuando sus estudiantes partieron a enseñar Aikido en otros países, no estaban en posición de enseñar su Aikido, lo cual podría parecer obvio, pero él los colmó de conocimiento, que luego ellos fueron incapaces de reproducirlo como una copia. Ellos tuvieron los cimientos sobre los cuales podrían construir luego sus propios edificios, sólo podrían hablar en su propio nombre, él quiso que fueran ellos mismos. No podía tolerar seguir a la multitud. Yamaguchi valoraba a la gente que tenía una propia opinión y que eran capaces de sustentarlas. Nunca se inclinó en la autoridad de Osensei. El decía “Osensei es Osensei y mi nombre es Yamaguchi”, esto no significaba que no valorara a su propio maestro, por el contrario, sentía que uno debía asumir la responsabilidad de sus propios actos, por lo cual ésta luego pasa a otros. Apoyarse constantemente en la autoridad del maestro de uno, era visto por él como una falta de madurez, ya que si alguien quiere enseñar a otros, entonces uno primero debe crecer, para dar entonces ese conocimiento y la habilidad que ha recibido a las próximas generaciones. Uno debe saber como “escapar” de debajo del cuidado del maestro, para ver con ojo critico lo que ha aprendido, la técnica de Sensei Yamaguchi no es transferible, fue dada exclusivamente a él, pero que le permitió construir algo propio. Cada uno es diferente y cada uno practica aikido en su propia manera. Para hacer esto, sin embargo, se debe tener una guía, Sensei Yamaguchi fue un guía. El no quiso tener imitadores, pero si sucesores que siguieran su propio camino. La relación entre maestro y estudiante es algo especial, basada en una profunda confianza.

Sensei Yamaguchi se convirtió en estudiante de Osensei en 1950.Antes había intentado entrar a trabajar como empleado publico, había pasado el examen, capacitándolo para trabajar en el gobierno. Su interés era el de manejar asuntos públicos o trabajar en la esfera de las relaciones internacionales, también consideró la posibilidad de trabajar en una gran empresa constructora. Al final decidió viajar, posiblemente a Europa.

Nyoichi Sakurazawa (George Osawa 1893 – 1966), el creador de a macrobiótica, quien fue amigo de su padre y también un amigo cercano de Osensei, le aconsejó que antes de viajar se familiarizara con alguna forma tradicional del arte japonés. Este le dio una carta de recomendación para Morihei Ueshiba. Encontrarse con tal extraordinaria figura fue decisivo para el resto de la vida de Seigo Yamaguchi, se volvió uchideshi de Osensei y decidió enfocarse exclusivamente en el Aikido. Esto fue una elección bastante inusual. Eran los difíciles tiempos de la post guerra, las personas no se interesaban por el Budo, solo por cosas vitales .Sensei Yamaguchi se volvió el primer maestro profesional del aikido, no tenia otra ocupación. Luego la situación cambio, porque la gente progresivamente comenzó a practicar artes marciales, resultando de esto el resurgir de nuevos clubes, y el aikido se volvió popular. Sin embargo al momento de la decisión de Yamaguchi Sensei esto no era así. Es necesario tener una visión en la vida de que es lo que uno quiere hacer, Yamaguchi decidió ir por el camino señalado por Osensei. Ciertamente la destreza de tomar decisiones maduras, y de no ir por el camino fácil, e ir separando cosas importantes de otras triviales, le ayudó a Sensei a sobrevivir durante la guerra. Cerca del final de la guerra estaba en una escuadra kamikaze. Fue llamado a la acción, y muchos de sus amigos murieron. El estaba preparado para seguir esa huella, y tendría que haberlo hecho si la guerra no hubiera terminado antes. La misión no llegó a materializarse, pero es imposible que esto no haya influido en el resto de su vida.

Sensei Yamaguchi tenia una memoria fotográfica, él podía fácilmente repetir cada movimiento que hubiera observado. Osensei no explicaba las técnicas, simplemente las mostraba, todo tenia que ser descubierto por uno mismo. Esto es ciertamente más difícil, pero permanece en nosotros por siempre. El movimiento no es forzado por nadie, se vuelve nuestro movimiento, Sensei Yamaguchi capturaba esto como un rayo. Luego de solo dos años comenzó a enseñar, fue por su propio camino, pero manteniendo un fuerte lazo de unión con su maestro y un profundo respeto por él. El mismo se volvió un maestro muy popular, y tuvo muchos estudiantes no solo en Japón, sino también mas allá de las fronteras, Dirigió numerosos seminarios en Europa (primeramente en Francia, en Paris, pero también en Alemania, en Manheim, en Gran Bretaña en Oxford, en Suiza, Bélgica, Dinamarca) en Estados unidos y en Sud América (Brasil, Argentina, Uruguay). Desde 1958 al 1961 enseñó aikido en Burma, en el Aikikai Hombu Dojo en Tokyo condujo clases especiales para personas de alta graduación. Nadie podía entender su técnica, aun maestros del Hombu dojo con altos grados no eran capaces de imaginar como, sin el mas mínimo esfuerzo, era capaz de ejecutar cualquier técnica sin importar el tipo de ataque ni la persona que atacaba. En los ojos de la mayoría de los estudiantes de Osensei de la segunda generación era considerado un genio del Budo. Rara vez sucedía que maestros del Hombu Dojo atendieran sus propias clases, algunos de ellos, sin embargo, asistían a clases de Yamaguchi Sensei, lo cual era un inusual signo de respeto. Incluían entre otros a: Masando Sasaki (1929) Mitsugi Saotome (1937) Yoshimitsu Yamada (1938) y Kasuo Chiba (1940). Muchas personas sentían que Yamaguchi, debido a su gran popularidad y técnicas inusuales, debía crear su propia escuela de aikido, sin embargo no lo hizo. Consideraba que las divisiones no tenían sentido. Era respetuoso de la memoria de Osensei.

Sensei Yamaguchi tenía un carisma inusual y un gran don de la instrucción, era un verdadero maestro de las artes de la lucha. Hasta que no se conoce a un hombre como él, uno no puede saber cabalmente que significa esto. Es usualmente atribuido a famosas figuras del mundo de las artes de combate, muchas veces no es una evaluación justa, ya que están basadas en leyendas más que en la realidad, la cual permanece sin ser conocida. A veces conferimos este nombre a maestros aun vivos, quizá por la brecha que nos divide de ellos en términos de técnica, de experiencia en el área respectiva. Sin embargo sucede que etiquetamos a alguien naturalmente, como si esto fuera algo obvio, lo cual nadie pudiera dudar. Este fue el caso con Yamaguchi Sensei. Nadie miraba que grado le había sido conferido. Lo importante era que él era Sensei Yamaguchi. Algunos quedaban fascinados por su inusual efectividad, aunque pareciera que no hubiera razones para esto mas allá. Parecía como si en la ejecución de las técnicas del Aikido no obedeciera ninguna regla: no tenía el control de la distancia, había un alto centro de gravedad, al parecer con movimientos torpes, inclinándose. Él hizo todo lo que a los principiantes se les pide evitar. Para el observador externo parece que las técnicas no fueron ejecutadas en la realidad, Uke imitaba y toda acción consistía en un juego entre ataque y respuesta. Muchas veces he escuchado esas opiniones, incluso de aikidokas sentados en las sesiones. Sin embargo, era otra cosa, todos los que alguna vez han tenido el honor de atacar a Yamaguchi sensei estaban convencidos de ello, independientemente de la potencia, velocidad, movimiento, momento y otros aspectos del ataque, el resultado era siempre el mismo: aterrizar en el tatami más rápido de lo que uno se puede imaginar, a menudo sin siquiera darse cuenta de cómo sucedió. Yamaguchi Sensei nunca corregía el ataque. Cada ataque era aceptado, y también el atacante. Esto estaba lleno de armonía, en cumplimiento del Aikido.

El ataque del maestro no era obvio, había entonces ansiedad por el resultado del ataque, que eventualmente llegaba del atacante. Sensei Yamaguchi en el Dojo parecía ser poderoso, fuera de el, solo se mezclaba con la multitud. Quien hubiera sido lo suficientemente afortunado como para atacarlo varias veces, no tenia ansiedades, sabría que sensei se ocupaba de todo. Solo alguien que haya sentido la ejecución sin fuerza de una técnica en respuesta a su mejor ataque, quizá pudiera entender que tan inusual es el arte del Aikido. Unos pocos aikidokas pueden presumir de tal experiencia. Los estudiantes de Sensei Yamaguchi tienen esa suerte.

El maestro en las artes del combate enseña durante su vida entera, la enseñanza no solo tiene lugar en el tatami. Este tiene una rica individualidad y esta fuertemente conectado con sus estudiantes. Sensei Yamaguchi tenía dos vicios: café y cigarrillos, al primero logró dejarlo, con el segundo desafortunadamente no pudo. Yamaguchi pasaba todos los días en cafés. Usualmente volvía ahí luego de la práctica matinal y se quedaba hasta la tarde. Y junto con él, muy a menudo, aparecían sus estudiantes. Sensei Yamaguchi era un hombre de aprendizaje, su padre fue director de una escuela pública y tenia muchos libros a los cuales su hijo amaba leer. Historia, literatura, filosofía – esas eran sus áreas de interés. Podía hablar animadamente acerca de esos temas. Y si entonces algún estudiante se decidiera a unirse a la conversación, debía estar seguro de si mismo para no parecer un tonto. Estas conversaciones sustancialmente moldeaban y daban forma a los estudiantes de Yamaguchi sensei. Conversaciones con el maestro, y sus cuentos en el café, tuvieron para ellos por lo menos tanto sentido como lo aprendido sobre el tatami. Para todos los que pasaron tiempo con él, quedó en claro que lo que valoraba mas era encontrarse con la gente, estar en compañía de otros. A menudo reflexionamos acerca de las cosas que hemos hecho en la vida, las cuales son las más importantes, las que dejaremos atrás en nuestro paso por este mundo. Recordamos diferentes hechos y eventos, pero a menudo encontramos que lo que realmente importa es la gente que hemos tenido la suerte de conocer. Sensei Yamaguchi no se preocupaba especialmente acerca de las condiciones materiales, él siempre, sin embargo, encontró tiempo para conocer a otras personas.

El trataba al aikido de manera extremadamente seria. A una de sus sesiones de entrenamiento para personas de al menos 4to dan, luego de un par de sesiones exhaustivas, les preguntó a los participantes que era el aikido, varias respuestas les fueron dadas: la filosofía de la vida, el arte del movimiento, el camino de resolver conflictos, el arte de luchar o aun el camino del auto desarrollo. Yamaguchi declaró; “Aikido es trabajo duro”!. En cada respuesta había una porción de la verdad, pero sensei quería hacer énfasis en que la única manera de buscar la verdad era en el entrenamiento intensivo. Aikido es el lenguaje del cuerpo, y no puede ser entendido teóricamente, la conversación es importante, pero el trabajo es lo más importante. Y sin embargo no depende completamente del esfuerzo, el asunto no es solo terminar cansado, pero también, y quizá lo primero de todo, es siempre estar listo para aceptar algo nuevo. Una concentración constante es necesaria, no para repetir viejos movimientos, sino para aprender nuevos. Usualmente no escuchamos lo que el maestro dice y no vemos lo que está siendo mostrado. Basta con que escuchemos algunas bien frases conocidas que nos atrapen y al resto lo adaptamos a lo que ya aprendimos anteriormente. Nosotros descansamos sobre nuestros viejos hábitos. Sensei Yamaguchi luchaba contra este tipo de actitudes las cuales eran comunes entre aikidokas. El demandaba atención diligente y constantemente repetía que el ejercicio “debía tener el espíritu de principiante”, siempre percibía la falta de concentración de sus estudiantes.

Todos los presentes en la práctica querían ser tomados como Ukes, o ser llamados a una presentación de una técnica o de un grupo de ellas, porque el maestro raramente desarrollaba una sola técnica. En hombu dojo a sus sesiones de práctica asistían varias personas y sensei yamaguchi usualmente tenia a dos o tres como mismo uke, usualmente el desarrollaba las técnicas con Yasuno Sensei, quien tenia un cuarto de su edad. Y si, sin embargo, alguien dejaba de prestar atención, era llamado al momento hacia el frente por Sensei .los Ukes potenciales estaban casi siempre listos, aun Sensei Yamaguchi los llamaba en el momento en que no estaban listos. Sus sesiones de entrenamiento estaban cargadas de pasión, no sólo debía estar uno atento en la anticipación, sino también en la práctica misma. Sensei Yamaguchi no distinguía técnicas, no las analizaba, era mas bien un proceso, una conversación entre dos socios, mas que un set dividido en técnicas, que constituían un todo. Una técnica fluía suavemente en la otra, la previa determinaba la apertura hacia la próxima. Sensei no trataba de ser espectacular, la técnica no era para el punto en si mismo, ella servía como comunicación con el compañero. Esto era un ejercicio en constante contacto. Cada movimiento del compañero causaba una reacción en el otro, la conversación no podía ser interrumpida.

Sensei Yamaguchi era muy estricto con sus mejores alumnos. De ellos demandaba más que a todos, tenían que trabajar de la manera mas dura, que podía ser arduo para ellos, pero él pensaba en el futuro. Sensei Endo relataba que luego de diez años de entrenar Aikido tuvo una seria contusión en el hombro derecho. Un día se encontró en un café con Yamaguchi, quien le preguntó, “practicaste Aikido por diez años, pero ahora sólo sos capaz de usar una mano, entonces…que vas a hacer?”, movilizado por esta pregunta, Endo Sensei comenzó a practicar casi exclusivamente bajo su dirección, sólo entonces comprendió que Yamaguchi Sensei practicaba de una manera completamente diferente a la de otros maestros, y era eso exactamente lo que mas se adecuaba a él. El maestro le dijo, “aun si no comprendes lo que sugiero, confía en mi y sacrifícate por otros diez años”. Diez años parecían ser una eternidad, pero Sensei Endo le creyó y su aikido fue sometido a una transformación completa, el lugar mas importante, aparte del Hombu Dojo donde Sensei Yamaguchi enseñaba, era el Zoshukan en Shibuya, Tokyo. Fue hecho para el Kendo, por lo que no había tatami, sólo los mas importantes estudiantes practicaban allí. La falta de tatami significaba que durante la práctica de las caídas era necesario mantener una completa concentración. Sin perjuicio de esto, las técnicas eran hechas con total velocidad, sólo había falta de aceleración en las proyecciones. Esto le permitía al Uke de tomar la acción de detenerse en el ultimo momento y completar una caída de manera usual. Esta manera de trabajar significaba que cada momento de acción era esencial, la concentración no podía ser perdida ni siquiera por un momento. El trabajo duro hecho en común genera lazos profundos.

Aún los más grandes maestros del aikido ganaban muy poco dinero, así que al final del año los estudiantes mas cercanos recolectaban dinero para él, éste era un gesto simbólico, pero con una dimensión también material.

El resultado de la dieta de Yamaguchi Sensei resultó en ulceras intestinales, su doctor le recomendó una operación y afirmó que el podría mantenerse activo por otros veinte años. Sensei Yamaguchi creía, sin embargo, en un orden natural de las cosas. El no decidía según pasos radicales, sentía que podía hacerle frente. Supuestamente en la víspera de su muerte participó en una demostración de aikido, tres ukes lo atacaron. Luego de la demostración Sensei tuvo problemas para respirar y se sintió mal, retornó a su casa a pie y allí murió durante el sueño, el 24 de enero de 1996.

Su aikido, aunque fugaz, tuvo una gran influencia en muchos maestros destacables del presente, y en la imagen actual del arte marcial. El fue uno de los pilares del aikido moderno, aunque no fuera universalmente reconocido así. Sus logros son considerablemente más grandes que su popularidad.

Aunque no conozcamos al autor, a menudo nos familiaricemos con él a través de su obra y, finalmente, si sus técnicas parecieran imposibles de ser transmitidas a otro…por qué no murieron con él? Porque dejaron una marca permanente en aquellos quienes fueron lo suficientemente afortunados como para entrar en contacto con su arte.
Autor: Andrej Bazylko
Traducción: Jieshi Shan

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